Y un día volví a ver al campeón, y aún con tormentas (de las de lluvia y de las otras) vi algo brillar, seguro fue la chapa, y ojalá haya sido la dignidad.
En verdad, esta primera entrada pensaba ser sencilla, a modo de prueba. Sin embargo, acabo de escuchar a Apo relatando un cuento de Sacheri (acá), y después de eso, es imposible hablar de fútbol "a modo de prueba". Debía hacer más de medio año que no pisaba el Libertadores de América, y aunque parezca que uno puede vivir a base de "Fútbol para Todos", tarde o temprano algo se inquieta en el medio del pecho, y el carnet está siempre ahí, esperando servir de pase a la emoción.
Así fue que ya desde la mañana sentía ese olor a paty y chori por todos lados. El día fue avanzando y pasada la tardecita lo llamé a José para ir a la cancha. Sin embargo, el gallego no atendió, y tipo cinco encaré solo a ver al campeón.
Pesaba la tarde, y pesaba la realidad. Escenario de noches mitológicas, el Libertadores se pobló tarde, y ya sobre la hora uno podía advertir que la gente estaba ahí para bancar al equipo en las malas, porque promesas de buen fútbol no habían llegado a Avellaneda.
Sin embargo, al rato que empezó el partido la lluvia se instaló como telón de la noche y con más personalidad que buen fútbol (del cual, sin embargo, algo hubo a "pies" de un pibe nuevo que promete) el rojo sacó la chapa de equipo grande y como quien no quiere la cosa le clavó tres pepas a un pobrísimo Olimpo.
Al final del partido, volví a escuchar después de mucho el Ole, ole ole.....ole, ole, ole, ola.......
Alegría, pero incompleta. Incompleta, porque no se pelea nada e incompleta por el trasfondo institucional que atraviesa el club.
Anoche el rojo sacó chapa de equipo grande y con eso fue suficiente para ganar el partido.
Ojalá que sus socios hagamos lo mismo en las próximas elecciones y echemos del club a la manga de corruptos que lo han hundido cada vez más en estos últimos años.
